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252 FR. EUSEBIO GARCJA DE PESQUERA --En este mundo no puede haber dicha completa para nadie. La pesadumbre, y las pesadumbres, del destierro alcanzan a to– dos tarde o temprano. Ningún desesperado de la vida habrá expresado lo penoso de ,la misma tan patéticamente como la alegre Santa T er·esa de Jesús en aquellos versos que empiezan «Vivso sin v,ivir en mí»: «i Ay, qué larga es esta vida! ~ ¡ Qué duros estos destierros! j Esta cárcel, estos hierros, ~ en que el alma está metida! Sólo esperar la salida ~ me causa dolor tan fiero, que muero porque no muero.>> »Pero hay una esencial diferencia entre el sufrir de quiene1? viven par,a Dios, y el de aquellos que viven para sí mismos ; una diferencia como del día a Ja noche. Un fondo ¡ntimísimo dé se– guridad, en los p[Ímeros, les pone a salvo de Ias peores con– mociones, y para ellos, sobre las hor.rascas más oscuras, brilla siempre la alta luz de la esperanza. E~presión feliz de ese fondo de seguridad que he dicho, fué, sin duda, ,la famosa letrilla tere– siana: «Nada te turbe, La paciencia nada te espante: todo lo alcanza; todo se pasa; quien a Dios tiene, Dios no se muda. nada le falta. iSOLO DIOS BASTA!» »Y la luz de esperanza que brilla siempre, la significaba bien nuestro Padre San Francisco con aquella su tan repetida e:xda- ., m,ac1on: «iTanto es el bien que espero, que en toda pena hallo consuelo!)) »Tú misma, a pesar de no tener mucha experiencia de las cosas de Dios, habrás notado la diferencia entre sufrir y sufrir. ~Cierto. Ahora, ,aun en los días peores, suelo encontrar e~ mi interior un poquito de paz, y no me falta el consuelo que
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