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TEMPORAS DE PRIMAVERA 207 dejara ,afectar :lemasiado por las ,pequeñas incidenc.ias de la vida y t,ratara de sobreponerse ani,mosamente ,a todas las impresiones o sentimientos que ,pudies,en ,enturbiar el mirar de su alma hacia Dios... Dura o insensible, nunca; pero tampoco tan delicada, que el más pequeño .roce de las cosas viniera a dejarla ,como flor tronchada por el huracán. ¡ Siempre fuerte y animosa ,en Dios l Par,a ella tenía suma importancia el llegar a conseguir tal temple de ,espíritu. A pesar de que ,é.l era quien esbaba ,allí como maestro, •el P. Fide.l reconocía ante ,el Señor cuánto más que ,éJ mismo valía aquella criatura. Tenía detalles hermosos, confesados con ,en– cantadora senc:llez: -Ja:más cuando estoy enferma ,pido po,r mi salud, pues com– prendo que n:i amor a Jes,Ús debo demostr:árselo sufriendo algo por El ; pero en esta ocasión fué tanto el miedo que tuve a que fuera mening:tis, que pedí a la Santísima Virgen el aHvio de mis dolores... Ahora, gracias a Ella, ,puedo decir lo que ,a usted le oí cierto día: ccPasó el sufrir, pero no el mérito de haber sufrido.>> En ,esto me refiero a los dolores físicos, pues los morales •cr,ecen más y más, como sj el Señor ,quisiera s,adarme de ellos... A v,eces parece que se ahoga mi pecho, y sin que ,lo pueda remediar, se me salen las ;ágrimas... Todo trato de ofoece,rlo .Jo mejor que sé: por los misioneros (de allá y de aquí), a quienes quiero mucho, por fos sacerdotes... -De mí no te acordarías, po,rque como te habfa dado tan gran disgusto... -Padr,e.. Todo aquello me causó una grandísima pena, pero no ha habido en mi corazón resentimiento. Dios sabe por quién va ofrecido siempre lo mejor de mis pobres cruces. F ué .1a despedida: sobre la madre arrodillada y la hija enfer– ma descendieron 1las palabras de la bendición sacerdotaL,, que invocaba para ellas la constante asistencia del Padre y el Hijo y el Espíritu Santo.
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