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192 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQ !JE.fu\ . nLa electricidad nos alumbra en la noche, auastra inconta– blas trenes, mueve inmensas fábricas ... Para todo esto, ¿ qué es lo más importante, las instaliaciones, los cables, el montaje, o la energía que por ellos nos viene a servir ? ~La energía. ~Y, sin .embargo, ya ves tú que todos los kilovatios habidos y por haber no nos serían de ninguna utilidad o si no tuviéramos los medios de conducirlos adonde nosotros queremos. nDe parecida manera-recalco el adjetivo ,«parecida», porque las ce>mrpar.aciones nunca ,pueden entenderse con rigurosa simili– tud~, de :parecida manera, en la gran obra del apostolado cató– lico las oraciones y sacrificios tienen la primordial importancia, porque son ellos los que obtienen ,la gracia de Dios, pero no puede prescindirse de las actividades externas~predioación, catequesis, libms, conversaciones, etc.-, ,porque sin éstas, según la ordinaria providencia divina, no llegaría a las almas la influencia salvadora de Cristo. »Hay algo en S. Pablo ... Aguardad unos momentos... Sí, aquí está. Epístola a los Romanos, cap. X, versículos l l y siguientes: «Dice la Escritura: Todo el que creyere en El, no será confun– dido ... Uno mismo es el Señor de todos, rico para con todos los que le invocan, pues «todo el que invocare el nombre del Señor será salvo)). »Mas¿ cómo invocarán a Aquel en quien no creen? ¿ Y cómo llegarán a creer, si nada de El han oído? ¿ Y c6mo oirán, si na– die va a predicarles? ¿ Y cómo habrá predicadores, si nadie les envfo? Por algo está escrito: ¡ Cuán hermosos los pies de quienes van anunciando el bien !... La fe viene por la audición ; y la au– dición, por la palabra de Cristo predicada. ll »e Está bien claro el texto paulino ? l> Por eso Dios exige a ciertos fieles suyos (en concreto, a quienes son sus «ministrosll) la dedicaci6n seria a las tareas del apostolado . .ccEl andar evangelizando~scribe a los Corintios el mismo Apóstol de las Gentes-no es precisamente una gloria para mf. ,9ino una necesidad; pues ¡ ay de mí, si no evangelizara 1 » (l.ª IX, 16). Y dice también su disdpulo Timoteo: «Te c·onjuro por Diós y por Cristo, que ha de juzgar a vivos y muertos, a que prediques incansablemente la palabra (divina), insistiendo con
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