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190 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA en la suerte eterna de muchas almas ; y no tenía por qué pen– sarlo, pues a ella no se le ofrecía otra manera de cooperar a la buena situación de la patria que la de un ejemplar comporta– miento en todo.) -Pero, Padre, e es de veras cierto que podemos hacer tanto por las almas... sólo con nuestras oraciones y sacrificios de cada día? -De veras de veras cierto-,replicó con firmeza -el P. Fidel. »No puedes admitir dudas en este punto. ¿ Qué dice la fe? é Qué nos enseña la teología? Nos dicen y enseñan que la Re– dención de los hombres se llevó a cabo por la inmola:ción san– grienta de Jesucristo, y toda «inmolación» está hecha de un ofre– cerse a Dios (oración) y de una aceptación amorosa del sufrir (sacrificio) ; nos dicen y enseñan --que los frutos de la Redención, efectuada de una vez pam siempre por Jesús, se van aplicando a las almas día tras día en forma de -«gracias» que Dios concede, pero que tales gracias, de ordinario, no las concede Dios, sino movido por los sacrificios y oraciones de almas amigas suyas que cuidan de asociarse, en su pequeñez, a la gran inmolación del Redentor universal. Misterioso y significativo es aquel texto de San Pablo en su carta a los Colosenses (l, 24); «Me alegro de mi sufrir por vosotros, y suplo asf en mi carne lo que resta a los padecimientos de Cristo en pro de su cuerpo, que es la Iglesia". Y significativo es también aquel otro de Santiago el Menor (V, 16): «Rogad unos por otros, para que os salvéis; pues mucho es lo que puede la oraci6n fervorosa del justo". »Pero más elocuente nos ha de resultar el mismo ejemplo de Jesús. El, Hijo de Dios. Sabiduría increada, Mediador entre el Padre y las criaturas racionales que venía a salvar, empleó ape– nas tres años en las ,actividades ,ccpropias de su ministerio». I'. Qué hizo en los restantes y precedentes treinta años de su vida} e Fue– ron acaso perdidos para su gran misión redentora? ¡ De ningÚn modo I A tal misión estuvo siempre dedicado de lleno. Los trein– ta años «perdidos» de Nazaret fueron tan maravillosamente efi– caces como los tres de evangelización a las multitudes. Las ora– ciones y sacrificios de su vida oculta nos fueron tan beneficiosos como las palabras y milagros y acciones de su vida pública. Quiso enseñarnos que para salvar las almas y promover el reino de
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