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182 FR, EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA »De oraciones tengo gran necesidad, porque aquí me sigue siendo todo muy cuesta arriba. Tan difícil, Padre, que apenas encuentro piedad para mí fuera de una o dos casas. Yo creo que los niños en sus tareas escolares están tan bien como pudie– ran estarlo con el anterior maestro; sin embargo, los ma,liciosos del pueblo no dejan de decir por ahí que yo s6lo sé enseñarles a rezar... , y me llaman c<la beatitan. Los perdono de todo corazón. »Trabajo también cuanto puedo por hacer apostolado; pero en las horas más negras del desaliento parece como si escuchara una voz que me dice: «¡Pobre ilusa l ¿ Qué intentarás hacer tú, insignificante araña?» »Padre: siga rogando por mí. >>Con todo afecto, Azucena.>> Por fin, en una tercera carta, a vuelta de otras cosas, ya pudo comunicar una mejor noticia: «Un día, aprovechando que la juventud del pueblo estaba charlando reunida y sin saber qué hacer-era domingo por la tarde-y que los niños, mis niños, andaban correteando por allí, me hice la valiente y me acerqué a ellos. Fué como si una luce– cita sobrenatural brillase de pronto en mi alma... Se abrió el corro de los mayores, y se estrechó en torno el de los niños. Me saludaron respetuosamente, algo cohibidos, y cesaron en sus charlas y risas. Para que renaciese el buen humor, yo charlé risueña con ellos; y al cabo de un rato, como quien no quiere la cosa, les invité a .ir conmigo a la iglesia y rezar el rosario, «ya que estábamos precisamente en el mes de tan hermosa devoción mariana». Se quedaron un :momento parados, mirándose sor– prendidos e indécisos... Al fin, dijo uno: «Aquí no lo hay nunca, señorita.» ~«No importa; si vosotros queréis, de ahora en ade– lante sí lo habrá. Yo se lo diré al señor Cura. ll l>Y echamos a andar... No tardamos mucho en llegar a casa del señor Cura. El nos vió por la ventana, y debió de quedar muy sorprendido ; pero su sorpresa llegó al colmo cuando le enteramos de nuestros deseos... Replic6 que no podía ser, por– que él tenía que hacer aún no sé qué rezos, y... atajé res– petuosamente, diciéndole con gran naturalidad: ((Le compren-

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