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TEMPORAS DE PRIMAVERA 179 tornas de hábito corno las profesiones, en lo cual había que re– conocer el diligente trabajo de la secretaria, señorita María Au– rora Barniedo. Lo que no constaba en tales libros (para la futura pequeña historia) era el mérito que el P. Fidel de Peñacorada pudiese tener en el nuevo «movimiento» de la Hermandad, pues aun cuando él corría de hecho con todo, las «partidas» o actas se las llevaba siempre a firmar a,l R. P. Guardián, que seguía man– teniendo oficialmente el título de Director de la V. O. T. En casi todas las tomas de hábito habidas hasta entonces se notaba una clara mayoría de chicas jóvenes. Pero no había fal– tado nunca su correspondiente grupo de personas mayores. espe– cialmente de mujeres, y de cuando en cuando algún muchacho. En la celebrada durante la, novena de S. Francisco fueron v,arios los chicos que se recibieron. Al P. Fidel le causaron muy buena impresión: un fundonario de Correos, muy formal (que se había decidido a «entrarn, por las cosas de la V. O. T. que venía viendo en la iglesi,a, no por influencia de alguien, pues no trataba ,a nin– gún terciario); un empleado de oficina comercial, pequeño, mo– reno, trabajador e inteligente, que y,a tenía varias hermanas en la Orden; otro oficinist:a, del l. N. P., tan buenazo y alegre como fiel cumplidor de sus obligaciones, y que perteneda ,a la A. C. ; el ya conocido Fernando Cordón Vázquez... A todos ellos se vino a juntar ;pocos días después uno que no necesitaba tomar el hábito: Tiburcio Dato Gómez. El P. Fidel no le conocía. pero era terciario de antes ; había estado con Ia División Azul en el frente de Rusia, y de allí había regresado en la última expedición. Los primeros meses después de su regreso no se acordó mucho de la Orden Tercera... ; pero luego había empezado a ofr hablal' de ciertas novedades que había por S. Francisco, y se decidi6 a dar una vuelta por allí... El P. Fidel le acogió muy gozoso: e_ra un muchacho bien plantado. y prometía ser buen elemento. Con ,estos recién llegados, unidos a Martín Bosque y unos cuantos más de los primeros, empezó a s,entirse más optimista1 el P. Fidel, cre:1endo que se podía ya pensar en hacer algo... Lo difícil era acertar qué. Sin local, sin medios (y sin dinero para procurárselos), teniendo .que vivir medio clandestinamente (pues por tratarse sólo de un ,proyecto aún no existía autorización al~ guna por ,parte de los Superiores para que funcionase una Ju-
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