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160 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA marchar por la vida mar,c,ando un paso recio y sonoro. Avan– zamos de cara al futuro, porque el pasado nos parec,e demasiado turbio y miserable. Fácilmente nos seduce la estrofa del canto revolucionario: «reneguemos del viejo mundo... >>, entendiendo por mundo viejo este próximo p•asado que ,aún no ha acabado de extinguirse. Y si ,para los ancianos, según las coplas manri– queñas, ce cualquier tiempo pasado fué mejor», a nosotros, a todos los que en cada cuarto de si,glo vamos formando las vanguardi,as de la humanidad, el porvenir, sólo por serlo, nos parece incues– tionable.mente interesante y cargado de promesas. Tal vez la fría razón nos haga ver que ese :mismo porvenir se presenta no poco sombrío; con nuestro sentir de jóvenes seguiremos creyendo, sin embargo, que el porvenir ha de ser por fuerza, y porque nosotros lo forzaremos, cada vez mejor, más bello, más amable que el pasado que se aleja. » Y si esto oscurre tratándose de los destinos de los pueblos, mucho más ocurre en lo que r,especta a nuestro propio destino personal. Como dicen que el hombre ruso marcha ,a veces kiló– metros y kilómetros por la estepa sólo <para alcanzar el horizonte, que se imagina como Ia frontera del más allá, así también el co– razón joven marcha misteriosamente impulsado hacia lo desco– nocido y lejano de la vida, como hacia un ideal horizonte donde se encuentre lo azul del cielo con lo pardo de la tierra par,a dar como fruto la felicidad soñada. Lo triste es que la línea del ho– rizonte, según parece, se muestra terriblemente esquiva, y tanto más aceleradamente se aleja del hombre cuanto más feb~ilmente éste corre hacia ella. »Mirar •Confiadamente al futuro y esperar mucho de él es sin duda muy tfpicamente juvenil. e Qué espíritu joven no ,está seguro de que en una forma o en otra se abrirá paso en la vida? La posibilidad de ser un fracasado o un inútil es- sencillamente des– cartada. >iCuando tal fe en el porvenir v,a desapareciendo del alma, sefial cierta tenemos de que la auténtica juventud está ya sobre el horizonte, como un sol que se apaga •entre nubes de melanco..– lía: ha llegado il tramonto. Quizá hayan pasado pocos años sob;e el cuerpo, d espíritu ciertamente ya no es joven.Ji Siguió luego el P. Fidel explicando cómo esta «fe en el por-

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