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158 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA de su vigor, y en muchos c~razones brotaba el propósito, cuando menos el vago deseo, de ,ccempezar otra vceZ>J, de «volver a lo de antes», es decir, de tener a Dfos y sus cosas más presentes en la ;propia vida y aplicarse más en serio a piadosos o ,apostó– licos quehaceres. Aprovechando la buena coyuntura, el P. Fidel dispuso para el día 16--el 15 terminaba la novena-una reuni6n conjunta de chicas y chicos, una reunión que fuera algo así como una «aper– tura de curso». Se pasaron oportunamente los ,avisos... ; y el día ,16, hacia las ocho de la tarde. numerosas ,chicas y menos numerosos chicos se agrupaban sentados en humildes banquillos ante una de las plateas del salón de San Francisco... , que aún tenía buena tem– peratura. Después de unos minutos dedicados a saludos, a ·cari– ñosos encuentros entre quienes hacía algún tiempo no se habían visto, a señalar ausendas o presencias, el P. Fidel se dispuso a hablar... El venía a hacer que su discurso fuese ,como un po– deroso despertador de energías o ideales dormidos,· una apre– miante y sacudidora llamada a la conciencia de todos aque– llos cristianos jóvenes que se habían puesto al alcance de su voz. Y empezó ,a hablar así, con cierta solemne y sosegada natu– ralidad: -Por lo menos alguna vez en la vida habréis escuchado vosotros Jas composiciones musicales de Ricardo Wagner. Son en verdad una plenitud de sonidos. Todas las voces del mundo fantástico germano parecen reunidas allí. Los dioses del mundo, con su cortejo de borrascas y de truenos, los prodigiosos murmu– llos, de la selva, el diálogo de la lluvia con las hojas de los árbo– les, cantos de ondinas hechiceras sobr,e ,el sonoro curso de las aguas del Rhin, fragor de batallas, himnos de guerreros, aves y bestias, sílfides y nibelungos, Sigfridos y dragones, sacerdotes y escaldas con su hablar de misterio, raudo coner de walkyrias conduciendo a los héroes ,al combate... , todo ello aparece fusio– nado en un grandioso conjunto de ple,n,itud armónica que se desborda y nos avasalla como la marcha de algo imponente e incontenible. ))Pues bien, amigos míos: también el rumor de la vida, cuando florece la juventud, se esparce por todo el hombre cual pode-

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