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146 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA León «capital de Reino». con un vivir lleno de estimulantes emo– ciones, despidiendo o recibiendo a las tropas de magníficos ca– balleros que partían para la guerra contra el infi.el o regresaban ya de ella, con el .Polvo de los combates y la glori,a de sus haza– ñas... i Aquello sí que era tener un hermoso sentido her,oico y caballeresco de la vida! lnvoluntaáa,mente rompía a cantar. la estrofa del Himno a León : «Tierra hidalga, tierra mía: estro/as del romancero desde Guzmán a don Suero va tremolando el honor.» Aquellas puertas románicas de San Isidoro que ella atravesaba casi todos los días para sus visitas al Santísimo permanen– temente expuesto, aquellas archivoltas ,ojivales de la catedral que ella se detenía a contemplar br,eve y pasmadamente cada vez que a la catedral iba, habían estado sintiendo durante siglos el paso de innumerable gente ilustre : de reyes y de infantes, de condes y obispos, de caballeros y eclesiásticos, de ,grandes da– mas y delicadas doncellas... ¡ DonceHas afortunadas, objeto cons– tante del apasionado y muy respetuoso homenaje de hombres valientes, que llegaban a tenerse por bien premiados si recibían una sonrisa femenina en correspondencia a sus esfuerzos ! j Aqué– llos sí que eran hombres! Tan esforzados y obsequiosos como llenos de una ejeniplar entereza. Recordaba eUa un romance sobre «Ese conde Don Manuel que de León es nombrado... n El tal conde se encontraba un día •en el ·palacio del rey, pa- seando después de comer con doñ,a Ana de Mendoza «y otras damas a su lado, y caballeros con ellas, que las iban requebrando.»

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