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144 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA cosa obligada, en -el momento de su aceptación. Así tenía lugar todos los años en el claustro de la catedral, y ante numerosa con– currencia que rodeaba la imagen de <(Nuestra Señora de Reglan una curiosa, académica y amigable discusión entre el repr,esen– tante del Cabildo y el del Ayuntamiento acerca del verdadero carácter de la ofrenda que éste pr,esentaba. En ,estos solemnes actos y en aigÚn otro de la víspera de la festividad era cuando intervenía el :grupo de las woantaderasll. «Cantaderas>> se venía llamando desde tiempo inmemorial a las donceUas casaderas que, ata'V'iadas con he~mosos trajes re– gionales, tomaban parte cantando y bailando en las fiestas cívico– religiosas de ((Nuestra Señora de Agoston. Sus cantos y danzas estuvieron originariamente motivados por la necesidad de ma– nifestar el regocijo de las jóvenes leonesas al verse libres del más vergonzoso tributo que pesaba sobre el Rei~o, ,el «tributo de las cien doncellasll-((las cincuenta, hijas-dalgo», seg{m el ro– mance-que anualmente habfan de entregarse al rey moro. Las victorias del rey Ramiro fueron las que devolvieron el honor y la alegría a sus tierras de las Asturias y León. «De León y Ias Asturias Ramiro lliene el reinado. Esos moros de Bardulia le enviaron su mandado ... Gran pesar cobraba el rey en ,ofr el tal recado ; entró en tierra de los moros : mucho los ha ya estragado ... y tantos murieron de ellos, que no pueden ser contados.» Con el tiempo fué estableciéndose la obligación de que cuatro parroquias de la ciudad-San Marceio, Santa María del Mercado, San Martín y Santa Ana~aportasen cada una cuatro o seis joven– citas .para hacer de ,wcantaderas». Ya tres meses antes de la fiesta avisaban los párrocos a las familias que debían aquel año dar cantadera; :Y de esto no se libraban ni las casas más ilustres: el castigo para quienes se negaban era primero la multa y luego
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