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TEMPORAS DE PRIMAVERA 139 de menos: una agrupación juvenil donde haya vida, estilo, ,entu~ siasmo, sentido de entrega a un ideal. Estoy ya cansaJo de re~ uniones aburridas, y de ser tan sólo «unos buenos muchachos que andan ,con los curas y los frailes». Al P. Fidel le complada verdaderamente aquel lenguaje del muchacho. P,areda un eco de su propio sentir. Dándole unas p,a,lmaditas en la espalda, añadió: -Hablas bien. Pero espero de ti bastante más que palabras. Cuando pase el verano, trataremos de ir realizando eso con lo que sueñas. Yo teng:o gr,andes ,esper,anzas e ilus.iones y confusos proyectos... Veremos si somos capaces de· hacer algo que valga la pena. .La conversación apuntó luego al viaje d.e vacaciones de Fer– nando, y el P. Fidel recol'd6 con nostalgia a aquella tiena del Noroeste donde habfa pasado su primer año de ministerio, ape# nas acabada la can.era: tierra suave, tien,a húmeda, ti<erra verde ; de praderíos, maizales y pinares ; de estrechos caminos en las laderas ·de los montes, por donde van cantando sus chirridos las humildes carretas campesinas ; tierra a la que el mar abraza con los puros brazos de sus muchas r:Ías, azules u ,opacas según e1 color del cielo, entre riheras de blancos ,pueblecitos donde se· respira aire salobre y se l:lscuchan can.dones extrañamente sentimentaJes. De hablar de Galicia se pas6 muy natur,almente a hablar de lo que en ,el mes de julio parece J.lenar toda Galicia: el apóstol Santiago y su dudad de Compostela. -Desde .luego, amigo-dijo sonriendo el P. Fidel a F1eman# do-. «tu catolicismo)) parece corresponder muy bien ,al tipo de oatolidsmo que representa para los españoles la tradicional estampa del Apóstol: oabaUero én marcha galopante, alzando con la mano izquierda el estandarte de la Cruz y manejando la espada con la diestra, hollando cuerpos de enemigos vencidos. -Algo tiene que pegársenos del «Santi~go Matamorosn. --Se nos ha pegado mucho, y muy legítimamente. Nada tan legítimo como que l.os hijos .participen de la fisonomfa ·del padre : nuestro padre en la fe •creemos que fué aquel ,apóstol a quien el Señor mismo, por su fogosidad, impuso el sobrenombre de «Hijo del Trueno», es decir, rayo, y que tanto debió de distinN
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