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108 sentí en aquellos momentos, al verme rodeado de mis queridos guaraúnos en tanto número. Bendito sea Dios por todo. "Ellos, a porfía, comenzaron luego a regalarnie de cuanto traían: Unos, tortas de yuruma; otros, ha– rina preparada para que yo hiciera más tortas, cuando se me acabaran las que me traían hechas; éstos me daban huevos de terecay; aquellos, pescado asado ha– cía poco tiempo, para que entonces comiera de ello; hasta. me trajeron una gallina y un gallo" (38) . Pasaban los días y se acercaba la Semana San– ta. . . ¿ Qué hará el misionero para celebrarla como conviene'? No hay iglesia, ni capilla, ni mucho menos imágenes de los pasos. Ante la carencia de todo se le ocurre hacer una gran cruz, para colocarla delante dei ranchito. Enterados los indios .de este propósito, le trajeron maderos, táles como él los deseaba, es decir, de varios metros de largo, luego los labraron e hicie– ron la Cruz. ''Durante los días de la Semana Santa, bien de mañana, venían todos los indios a aprender los cánti– cos de Pasión y otros apropiados al santo tiempo de Cuarema, como el Santo Dios, Perdón oh DioG- mío, Venid oh cristianos, ]a Cruz adoremos, etc. Les gusta– ban mucho los cánticos y estaban ávidos .de aprender– los. "Llega por fin, el Viernes Santo, día destinado a enarbolar el Santo Madero, insignia gloriosa de la re– dención del mundo. A porfía concurren los indígenas de todos aquellos contornos, y también algunos crio– llos. Se esfuerza el misionero, como en días anterires, (38) . Padre Santos, relación inédita de la, fundaci ón de Ara– guoimujo.
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