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Maravilloso misterio: Dios está siempre lo suficientemente cerca para que den con El quienes de corazón le buscan; y lo suficientemente lejos para que pasen sin descubrirle los que en el fondo no tienen mucha gana de encontrarse con El. «El viento -decía Jesús a Nicodemo en la pri– mera entrevista personal de su vida pública-, el viento sopla donde quiere; puedes oir el ruido de su paso, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así ocurre siempre con la acción del Espíritu» (Jn., 3, 8). Y «Dios es Espíritu» (Jn., 4, 24). Las almas fundamentalmente rectas -las de buena voluntad y despierta atención- están en condiciones de detectar con frecuencia, al soplo del Espíritu, la sutil y bienhechora presencia del Invisible: -«Te reconozco en la apacible calma, como en la voz del huracán bravío». (Teodoro Korner.) -« ¡Qué sosiego da pensar, 284 que Dios vigila en las cosas!· Que si ponemos los ojos en el agua, clara y honda, nos devuelve la mirada con su mirada remota... Que si perdemos los pasos por el bosque, entre las sombras, nos trae la lengua del viento, cantando desde las hojas, palabras que Dios tenía para decirnos a solas)). (García Nieto.)
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