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Y yo creo que es precisamente esto -su verda– dero ser- lo que va a quedar ahora más al des– nudo, suprimida su respetable apariencia. Esta rodeaba al sacerdote como de un halo de lejanía, le situaba en plano distinto y misterioso ... ; sus mismos fallos se sustraían así, más fácilmente, a la observación y enjuiciamiento del simple fiel. Ahora, más próximo él a todos, más a nivel de to– dos por su indumentaria, será también más fácil– mente «calado» por todos en su íntima dimen– sión; y quien esté vacío o sea vulgar ... Ocurrirá en el plano del ser lo que ha empezado a ocurrir ya en el terreno litúrgico: con el len– guaje de todos, el sacerdote deja bien al descu– bierto sus defectos de pronunciación, de lectura, de esmero, que antes quedaban paliados bajo el misterio del latín. Pero volvamos a la pregunta del principio: ¿qué es lo que pasa con los curas? -«Don X, que se casa; don Y, que se larga de mala manera; el padre Z, que cuelga los hábitos; bastantes curitas jóvenes, que ... Pero ¡qué clero tenemos! ¿Adónde vamos a parar?» -Verá usted, señora; tenemos un clero traba– jado por muy honda crisis. Una crisis cuya enver– gadura ni usted ni muchos pueden suponer. Esta crisis, como toda seria crisis, hará oficio de criba: separará bastante paja del grano. Aún veremos muchas claudicaciones; aún caerá n1ucha fruta del árbol. .. Pero esté usted tranquila, a pesar de todo. La Iglesia no puede fallar. Aún nos quedan, en buen número, sacerdotes que toman en serio lo de ser «ministros de Cristo», con lealtad a sus compro– misos y vocación. Y la obra del Concilio, tan de- 196

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