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cia y el consuelo que nos vienen de las Escrituras, nos mantengamos en la esperanza» (Rm 15, 4). -¿Qué es para ti el colmo de la felicidad hu– mana? María Cuadra.-No existe el colmo en cuanto a la felicidad. Existe la lucha por la felicidad, todos los días. Y llegaremos a la muerte luchando toda– vía por alcanzarla. Perdone usted, María, que le contradiga en su primera afirmación. Sí existe el colmo de la felici– dad; lo que pasa es que no lo alcanzaremos nunca en nuestra presente situación. La gran equivoca-· ción de casi todos los hombres consiste precisa– mente en querer lograr ese colmo AQUI y AHORA. En lo demás, estoy plenamente de acue¡,do con usted. «Existe la lucha por la felicidad ... » (¡Y có– mo se lucha!) Sus palabras tienen para mí poesía de fondo -¿por qué ha de haber sólo «música de fondo,>?·-. Una poesía, que supo expresar bien el alma delicada de José Selgas. Felicidad, sueño vano-de un bien que no está [ en la tierra ... Nube azul, blanca, ligera,-que los sentidos en- [gaña, y tras de cada montaña-parece que nos espera. En impetuosa carrera-el hombre a cogerla va; llega: ¡se fue! Síguela,-piensa asirla en cada ins- [tante: la nube, siempre delante;-pero siempre, más allá. Para un cristiano debería ser cosa supersabida, hondamente vivida, ésta de que no se puede alcan– zar la felicidad plena en este mundo. Hechos to- 187

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