BCCCAP00000000000000000000749
les presentó un muchachito para decirles que, si le pagaban, llevaría paquetes o bultos. Le encar– garon de los esquíes y el saco de una estudiante. Apenas reanudada la marcha, el chaval empezó a resbalar y a caerse sobre la nieve endurecida: con el rostro congestionado, apenas podía seguir a la caravana. Pero allí estaba Pedro Jorge: empezó por ayudarle a caminar, empujándole suavemen– te; después le cogió el saco; luego, los esquíes; por fin, se ofreció a llevar a hombros al chico, preguntándole jovialmente: «¿Cuánto me vas a pagar?» Arriba, en el albergue alpino, era frecuente que cediese su habitación templada a cualquier friole– ro que tuviera miedo de pasar una noche dema– siado fría, Y camuflaba su cristiana generosidad, diciendo alegremente: «Lo hago con mucho gus– to, pues yo suelo tener demasiado calor.» Esto es tener amor a Cristo. Cuando una acti– tud así, exigida por dicho amor, se haya hecho la característica de grandes masas de cristianos, ten– dremos asegurada la instauración de ese MUNDO MEJOR, al que se sirve bastante más con las obras que con las palabras. 18]
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz