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PEDRO JORGE, T ODA revolución tiene sus gregarios y sus hé– roes. También los tiene la nuestra, de hijos de Dios, que debemos llevar adelante el pro– grama vivo de hacer mejor el mundo. Quiero recordar aquí a uno de esos héroes nuestros, muchacho de este siglo, que no vistió hábito ni sotana: Pier Giorgio (o Pedro Jorge) Frassati. Nació en Turín, gran ciudad industrial italiana, capital del Piamonte; murió a los veinti– ,cuatro años, cuando estaba a punto de acabar su carrera de ingeniero. Muchacho alegre, deportivo, estudioso ... Al– guien dirá, que así son también bastantes otros muchachos. Concedido; pero Frassati tenía, ade– más, lo que otros muchos no tienen. Vean uste– des, y juzguen. Pedro Jorge parecía haber grabado en su cora– zón esta magnífica divisa: «Estoy por completo a vuestra disposición»; y a ella se atenía de conti– nuo. Trataba de ser buen discípulo del Maestro 176

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