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¡GRACIAS, SEROR, POR ELLA! E STO de vivir «a lo hijo de Dios» -estilo de vida siempre exigible en un cristiano- será al fin cosa muy personal, muy de cada uno... Pero ¡cuánto habrá ayudado lo que se recibió al principio! Thierry, muchacho de unos diecisiete años, protagonista de la novela, escribe en su diario un 10 de octubre: «El sentido del rigor moral me viene segura– mente de mamá. Es la primera vez que lo pien– so ... Y además, con asombro, pues no hay una mujer en el mundo más indulgente, más buena, suave y compasiva que ella. Ahora que lo pien– so, creo que nunca me ha impuesto un castigo verdaderamente duro. Sin embargo, de ella, de su ejemplo mudo, de su sola presencia, me viene esta necesidad de rectitud y, sobre todo, ¿por qué no decirlo?, de pureza. »Hoy es de verdad la primera vez que tomo conciencia de mi catolicismo. Más aún: que me 171

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