BCCCAP00000000000000000000749

se trata de cortes ni de barricadas; es que Al~ guien se ha plantado allí, en medio de la calza– da, y ha impuesto un alto a toda la horda. Con un solo gesto. Paran las atronadoras motos; los desafiantes gamberros se sienten sobrecogidos. Aquel hom– bre joven parece erguirse ante ellos con talla desmesurada. Es joven, sí, espléndidamente jo– ven, más joven de verdad que todos ellos, aun– que cuente con más años. Y les habla: «Conozco vuestra hazaña ... ¿Por qué no ma– nifestáis ahora, ante mí, vuestro orgullo de ha– berla realizado? »Me inspiráis compasión. No podéis regresar como triunfadores, sino como derrotados, como miserables. Es inútil que cantéis a la libertad: ¡no soís libres! Yo lo proclamé solemnemente un día, de una vez para siempre: Quien hace peca– do, esclavo es del pecado. >>A vieja os suena la palabra ¡pecado! Pero an– te mí, que conozco bien todo el fondo de vuestra miseria -y que ante todos la puedo hacer paten– te- no os entrarán ganas de reír. Pecar es obrar a lo animal, en alboroto de desenfrenos; y vos– otros ... ¿Cómo estáis obrando vosotros? Hechos «a imagen y semejanza de Dios», os comportáis como brutos sin domesticar. A imagen y seme– janza de Dios están también hechos los que han sido víctimas de vuestras fechorías, elevados además a la dignidad de hijos de Dios; y en vez de respetar todo esto, lo habéis pisoteado ... No escaparéis a la Justicia: todos habréis de pasar por el gran tribunal, y se os dará lo merecido. «Si alguno atenta contra el templo de Dios, Dios le destruirá a él», y habéis de entender que a Dios 165

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz