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°1'80 VEINTICINCO A~OS DE APOSTOLADO razón, que dió luz a la garrida juventud deitana? ... Vuestro nombre· vivirá latente en el corazón de todos los -deitanos, porque todo aquel que sabe agradecer, debe guardar un r:ecuerdo a los méritos de vuestra' ;personalidad, que fué progreso para el pueblo y luz para la juventud ; Maestro, vos colaborasteis con ahinco por la prosperidad de este pue– :b.lo; vos fuis teis el que encaminó sus primeros pasos ... ahí están vues- 1ras obras, que seran recuerdo imperecedero". Y otro, no menos agra- decido, sabemos que, mientras r esidió en esta población, no dejaba do– mingo en que, muy de mañana, no fuera al cementerio a limpiar la tumba llorada y adornarla ·de flores, para decir al que, extrañado un día de semejante acto de gratitud, le preguntara: "Es que a él le debo Jo que soy, por haber sido mi maestro". Con el Padre Samuel colaboraron también, ba jo su dirección, otros maestros, que atendían los primeros grados. Más tarde, fundada ya la Misión entre indígenas, donde también f ué maestro, y por cambios que .a veces impone su m archa, tomar on la dirección del Colegio los Padres Brmifacio de Olea y Félix de Vegamián, sucesivamente, aunque ya por muy poco •tiempo, pues una corriente de ideas a-dversas y subversivas, más que contra los P adres, contra principios religiosos, que no es del .caso comentar, dió ocasión a que e n 1927 pasara l a dirección del Cole– gio a manos de un maestro seglar, quedando así desligados de tan meritoria labor los que con gala de arte y conocimientos superiores en la instrucción, construyeron las bases y fueron aventajados maestros <le una numerosa juventud. Colegio de la Sagrada Familia.- Un lus tro h abía pasado ya desde que los Padres Capuchinos dejaron de tomar parte directa e inmediata en la instrucción escolar <le esta población; pero, teniendo siempre particular•es simpatías por todo cuanto envuelve un ideal de grandeza y cultura para la capital deltana, volvieron sobre el asunto más en firme. Ya la ciudad había crecido considerablemente, debi,endo cons– tatar que pocas poblaciones de la Nación se habrán construido con tanta rapi<lez, -en menos de una centuria que cuenta Tucupita, ni goza– rán de mejor es perspectivas hacia un fu turo .ta.n halagador y próspero. Con esta clara visión, Monseñor Diego A. Nistal, para entonces Vicario Apostólico, afronta la_ constr ucción •de un Colegio dirigido por Religio- . sas, atento -siempre al bien moral, espiritual y cultural de su querida grey, y .Jo entrega de un todo a las Hermanas Capuchinas de la Sagrada Familia. su· primera Directora, la Rda. M. Maria Francisca de Villa– 'nueva, -era Maestra ti.tular de ·Colombia y estaba especializada en va– rias asignaturás superiores, así como ias otras 'tres compañeras y Her– manás Maestras de la misrria Congregación. Tales fueron los comienzos · rlel ''Cólegio de la Sagrada·Famiiia" de Tucupita.

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