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160 VEINTICINCO AivÓS DE APOSTOLATYO Araguaimujo debía festejar espléndidamente al Seráfico Padre. Hubo Misas solemnes, velad~s Y,_ pereg_rtnación a S. Francisco de Tórtola. Con la debida autorización .de Monseñor Diego Antonio Alonso Nistal, Vic. A.post. del Caroní, se hicieron los convenientes preparativos. Ya están en marcha los peregrinos, los peregrinos de la Misión de Araguaimujo. El camino es fluvial; a veces torrencial aguacero em– papa la ropa de los viajeros, y a veces el sol tuesta y reseca las fau– ces. Por el camino, una gran curiara, pues entonces ni había lanchas ni motores; y en la curiara, los peregrinos: RR. PP. Luis de León , San– tos de Abelgas, Fray Rogelio de Val<luvieco y 46 indígenas internos de la ·Misión. Todos van contentos; a ratos rezan y a ratos cantan: "Las huellas del Caudillo enamorado sigamos con fervor; vamos tras él". Un momento de silencio . . . Hala que hala y avanza que avanza; y quedan atrás haciendas de cacao, casitas de labriegos y espesas mon– tañas. Oyense únicamente el jadeante bogar de los remeros, el r itmo acompasado de los canaletes y ·el canto de algún pajarito del bosque. Después de un día: bien aprovechado de viaje, llegaron los pere– grinos a la isla de Tórtola la víspera de San Francisco por la tarde. Terminado el rezo del rosario, acomodaron los chinchorros y ha– macas para dormir; el Padre Santos, Fray Rogelio y los internos, en una casa grande; y al Padre Luis, que roncaba mucho, para no moles– lar a los demás, lo pusieron en habitación aparte. A la mañana, antes de la Misa cantada, observan los compañeros que el Padre Luis tenía la cabeza vendada. "¿Qué le habrá pasado?. . . Sin duda que algún borracho le ha dado algún trancazo". Por otra parte dicen que andan duendes en aquella casa, y que hacen ruidos, y que se oyen alaridos, y que se ven apariciones ... ¡ Quién sabe... quién sabe .. . todo puede ser! ... "¿ Qué le pasó, Padre Luis? ¿Le han pegado? ¿Se cayó al suelo?" El Padre Luis tenía entonces 66 años de edad y su humanidad era de peso considerable. "Diga qué le pasó". "Pues nada; que, como peso tan p·oco, se rom– pió el colgadero de la hamaca; y al eaer, ·me dí contra un horcón que estaba cerca y me rompí la frente. Eso es todo. No es nada. Ha sido una caída muy feliz. Un regalo •del sépt~mo centenario de San Fran• . ,, . ClSCO •.• Mientras el Padre Santos, Fray Rogelio y los indígenas internos cantaban la Misa, el Padre Luis oficiaba en el altar.
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