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158 VEINTICINCO AROS DE APOSTOLADO úh, Tórtola, figura del Señor, del Espíritu Santo la persona, volaste de los cielos con primor, imitando del Cristo la corona. Tórtola, tus parajes sin mancilla, te hacen ser prepotente y misterioso, y tienes por patrono en tu capilla, a Francisco de Asís el milagroso. El ruido del cañón causaba espan to, como también la gran algarabía; era que se inauguraba en ese día, la colocación del bello Santo. Al empezar la tarde en el embrión, ocultado . ya el sol entre celajes, las ninfas invocaban con el Padre cánticos de alabanzas al Señor. (Leandro Isabel Mencloza). El altar y hornacina de S. Francisco, así como el armario que posee la capilla, fueron hechos por el maestro Bryant J ámeson. Más tarde se adquirieron bancos buenos para la capilla, con di– nero no precisamente de personas devotas y rezanderas, sino de vaga– bundos, borrachos, alzados y delincuentes de manera típica y origi– nal, que pudieran imitar otros vecindarios. Cuando algún ciudadano se desmandaba, ahi mismo le aplicaban la pena merecida, propinada, sin distinción de pérsonas, por el Comi– sario General de la localidad, por el sistema de multas. "Tú faltaste al 1·espeto a la autoridad, tres tablas para un banco de la capilla". "Tú dijiste groserías en la pelea de gallos, tres cuartones pura las patas de un banco de la capilla". ''Tú te embriagaste el día d e fiesta y apaleas– te a tu vecino, un kilo de clavos para un banco de la capilla". Y así, sucesivamente. Tota l, que nadie se libraba de la multa, fués·e quien fuése el culpable ; de suerte, que, a poca costa y en breve tiempo, la capilla adquirió muy buenos bancos, que todavía, gracias a Dios, es– tán en buen estado. Excuso decir que, conseguidas las tablas, cuartones y clavos para Jos bancos, el carpintero era; sin fa lta, uno de los tres caballeros de Tórtola, "el inglés", Br·yant J ámeson , que se ofrecía voluntariamente primero que ninguno. El alma de las fiestas religiosas de Tórtola fué, durante m.uchos años, Francisco Silva, "el portugués", asesinado villanamente, trágica– mente, en una aciaga noohe de 1942, en su propia casa, en su mismo cuarto, por unos foragidos, p ara robarle un puñado de monedas de oro, que guardaba cuidadosamente en su baúl. Y, finalmen te, el cantor de las festividades cívicas y religiosas de Tórtola era ind~fectiblemente otro de los tres caballeros, Florentino Sosa Pildáiñ, "el bachiller".

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