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CAPILLAS H IGLES IAS 147 ' ' . nuta de Montes, y el nicho, por J uan Francisco Medina. El cuadro de 1~ Santa f_ué adquirido por María de Ho jas, y la campana fué comprada por J uan <le la Cruz Hojas. · · · · (De una carta de H. Monscrralle Telleríu, Curiapo, l¿ de j ulío de 1944). _ Antiguamente v1sitaro11 a Curia po el P. Gillc, de Mura j uana (G-ua– yana Inglesa) y los Pbros. Luis Argudín, Mariano Troncoso, Federico Marcano y otros, venezolanos. Desde 1919, encargados de atender espirit ualmente al Territorio Fe- 1kral Delta A.macuro los HH. PP. Franciscanos Capuchinos, la han vi– sitado con frecuencia, aunque con c~casa regularidad, los Misioneros Apostólicos, Samuel de S. Maleo, Santos <le Abelgas, Benigno de Fres– uclliuo, Bonifacio de Olea, Félix María de Vcgamián, Alvaro de Espi- 11osa, Isaac de Mondreganes, Rodrigo de Las Muñecas, Conr ado de Ce– goñal, Quintiliano de Zurita y otros, administrando los snntos Sacrumen– ros y Primeras Comuniones. aigunas bien lucidas, anticipadamente pre– par adas y organizadas por maestr os y maestras de la población. r.uriapo, a pesar de ser pueblo más importante que La 11orqueta, Macareílo, Coporito y otros pueblecitos dellanos. ha sido, por desgracia de la suerte o de las circunstancias, menos afortunado, pues, mientras en éstos se celebran frecuentemente Misas de Aguinaldo, Sem ana Santa y Mes de Mayo, en aquél sólo estuvo una vez un sacerdot~ de Ciudad Bolívar para las fiestas de Navida d y otra vez el R. P . Bonifacio de Olea, Misionero Capu.chino, en 1927, para los Días Santos. ¿ Sucederá lo m ismo en adelante? Dios quiera que no, y asi fo esper amos, en vista de que han cambiado las circunstancias. En . distintas ocasiones se ·dirigieron los habitantes de Curiapo al E xcmo. y Rvmo. Fr. Diego Antonio Alonso Nis tal, Vic. Apost. del Ca– roní, y a Monseñor Constantino Gómez Villa, Vic. Apost. pidiéndoles un Sacerdote. residente en la población; pero, hasta la fecha, por es– casez <le personal, no hán podido complacerles en tan justas y r eitera- das· exigencias. . · Si Curiapo, la pequeña población de Curiapo, hubiese tenido Sa- 1:i>rdote fijo. desde la llegada al Delta del Orinoco de los Misioueros Franciscanos Capuchinos, su aspecto moral, al calor ·de la r eligión y re; sería ciertamente muy distinto, y su r educida capilla se hubie~e muy pronto tra11sforrnado en-magnífica y espaciosa j,glesia, como ha acon– ~Pcido a la entonces diminuta población de Tt¡~upita, cuyo aspecto bo– nito y a trayente, con su esbelta y graciosa iglesia, no se parece ni som– bra a lo que era para el año de 1919. La ausencia de Sacerdote es la causa principal de que iglesias y capifül fl se hallen ordinariamen te en mal estado, vengan a menos Y aun del todo se derrumben.

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