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Este vino al suelo fracturándose una pierna. -¡Tú mismo te has malogrado!, dijo socarronamente la mujer, y dejándole allí tendido, se fue a casa. Llegado que hubo, el hermano de Chirikavái, la pre- guntó: -¿ Y mi hermano, dónde está? -Se fue lejos a cazar pájaros. --¿No me estarás engañando? En el ínterin, Chirikavái mandó su piasí (I) en for– ma de tucusito o colibrí, el cual, posándose en la puerta de la choza, comenzó a cantar: -Uayurarí malogró a Chirikavái, Uayurarí malogró a Chirikavái. -¿Qué es eso? -preguntó el hermano. -Es un pajarraco; no le contestes ni hagas caso -re- plicó la mujer. A media noche llegó Chirikavái con grandes dolores y, llamando a su hermano desde la puerta, le dijo: -Hermanito, sácame la trompeta y el muréi (2). Mi mujer, perversa, me ha malogrado; pero yo me subo a los cielos para beneficio de los hombres. Conocerás cuándo llego, porque entonces empezará a tronar y detrás vendrán aguaceros. Con los aguaceros subirán los peces y vosotros iréis a cogerlos (3). (1) «Piasí» es el espíritu Maraví que reside en el indio en vir– tud de unos cuarzos que siempre lleva consigo, y cumple sua órde– nes; por eso, el brujo que lleva ese «piasí» (espíritu), se llama a:pia– sám,, que quiere decir «espiritado». (2) El «muréi>, es un banquillo especial en que se sienta el brujo mientras hace las curas a los enfermos. (3) Esto coincide con lo que sucede en la realidad: Las Pléya– des aparecen en el cenit al anochecer, precisamente cuando en aque– Ha región es la época de los aguaceros y tormentas, con lo cual cre– cen los ríos; y los peces suben hasta el pie de los saltos a verificar su desove. Entonces es cuando los indios se citan para ir en carava– na a estos saltos a pescar.

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