BCCCAP00000000000000000000745
enar por la selva a caza de bichos; ahora pueden cazar en su propio corral. La obra misional, alentada por el auxilio divino, va progresando y el número de indiecitos en el colegio va creciendo. Algunos de éstos llegan a la edad de orientar su vida por nuevos derroteros, y en eligiendo que han ele– gido la compañera de sus destinos, preséntanse al padre misionero para que apruebe su determinación. -¡Amén! Los anhelos y emociones que experimentan los pa– dres de familia los días que preceden al matrimonio de sus hijos, esos mismos, creo y, pasan por nosotros que consideramos a aquellos indiecitos como hijos espirituales y también temporales de adopción. Les fabricamos anti– cipadamente la casa, la dotamos del menaje necesario, les encargamos afuera los vestidos de boda, les hacemos prac– ticar unos días de retiro espiritual, en los que les expo• nemos sus derechos y obligaciones en el nuevo estado ex• hortándolos el cumplimiento fiel de ellos... Listo todo, sale el cortejo nupcial para la iglesia. Los compañeros respectivos de colegio, alegres y con la mirada puesta en su futuro, precédenles uniformados. De las ran– cherías limítrofes acuden caravanas de indios a presen– <'iar el acto, llamativo por todos los conceptos. El misio– nero, revestido de ornamentos sagrados, espera a los no– vios en el atrio del templo y, juradas las promesas de amor y fidelidad, los bendice, uniéndoles indisolublemen– te en el Señor. Los recién casados se dirigen después a su nuevo ho– gar, y los misioneros nos quedamos con el inefable con• suelo de haber presentado a Dios y a la Patria una nueva familia indígena, cristiana y educada. 159
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz