BCCCAP00000000000000000000739
acaba con un bloqueo al corazón y al sistema nervio– so. Se muere del corazón porque éste no puede resis– tir la pesada carga acumulada. Quizá se vive mejor, con más abundancia, con más refinamiento. Pero la cuestión sigue en pie: ¿merece la pena pagar tanto? Hay que partir de ideas claras sobre la acción pa– ra que luego los juicios de valor sean válidos. ¿Qué es la acción? ¿Cuál es el sentido humano y religioso de la acción? Sobre un problema de tanta actualidad y de tantas ramificaciones que afectan de hecho a la totalidad del hombre es preciso ser rigurosamente exactos. Vamos a intentarlo: 1. La acción no es programar muchas cosas de un modo desordenado y precipitado. 2. No es moverse mucho y "picar en todo". 3. No es llenarse de ocupaciones indiscriminada– damente. 4. No es hablar mucho, corretear mucho, trabajar mucho, poner en marcha muchas cosas o mu– chas empresas. Los criterios de la actividad "humana" van por dis– tinto camino. Lo que llama la gente un hombre de ac– ción, un hombre dinámico no suele ser más que un hombre impaciente con mucha vitalidad física o un hombre superficial que busca la evasión hacia afuera. Y esto no tiene nada que ver con la verdadera activi– dad humana. Puede haber ciertas formas externas coincidentes pero en el fondo no hay nada de común entre ambas posturas. La actividad "humana" tiene como soporte indis– pensable un rico bagaje de reflexión, de rectitud y de responsabilidad. Es el intento del hombre para des– arrollar íntegramente su personalidad a base de traba- 94
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz