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HOMBRES DE ACCION Es posible que nuestro siglo pase a la historia como el siglo de la acción. El hombre de hoy vive condicio– nado por su trabajo hasta límites insospechados. No se trata del esfuerzo continuo que comporta la lucha por la vida y mantiene en tensión al hombre. Desde luego, aunque parezca paradójico en un siglo de tan– ta prosperidad material, nunca fue tan duro el ganarse el pan. El nivel de vida ha subido notablemente y hay que hacer frente a sus ineludibles exigencias. Pero es que, además, la cotización del trabajo es– tá en alza. El hombre trabaja para vivir mejor, lo cual es legítimo. Con frecuencia, el presupuesto no alcanza a cubrir las necesidades normales y se recurre a otro trabajo u otras ocupaciones que posibiliten un mejor nivel de vida. Es el fenómeno del pluriempleo que se presta a serias consideraciones y que se admite como "mal menor". La acción contribuye a un mejor nivel de vida, pe– ro ¿a qué costa? Si hemos de creer a la sociología, ei precio es muy alto. Los pueblos más desarrollados ofrecen un índice alarmante de enfermedades menta– les. El nerviosismo se da en porcentajes hasta ahora desconocidos. Es increíble el número de decepciona– dos, cansados, desesperados. La enfermedad del siglo es el desequilibrio nervioso. Y el corazón se cansa y no trabaja como si fuera un viejo motor inservible. La pri_sa, el nerviosismo, la tensión, la angustia de la lucha por la vida van minando el organismo. Y todo 93
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