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Cristo: Cristo lo ha dicho, luego tiene la razón, aun– que a mí me sigan sonando extrar.as sus afirmaciones. Tener mentalidad cristiana supone pensar como Cris– to y de un modo espontáneo, directo, convencido que, de verdad son felices todos aquenos que Cristo llama felices: los pobres, los afligidos, os limpios de cora– zón, los que padecen persecución por ser justos, por causa de la justicia. Y esta mentalidad cristiana se traduce en una op– ción por los valores que Cristo sanciona y ejemplariza: sentir con el débil, pensar que la cruz de Cristo es gloria para el hombre y apetecerl3. con toda el alma, ser santamente audaz y libre para defender los dere– chos de la verdad, sin contemporizar cobardemente con los poderosos de este mundo. Desde esta perspectiva salta a primer plano el ri– dículo de todas las situaciones que la mentalidad pro– fana considera "privilegiadas". Y esta mentalidad pro– fana se infiltra inconscientemente en los estamentos más sensibles de la vida religiosa y se manifiesta de las formas más increíbles y sorprendentes. Así el di– rector de un colegio -católico militante- que no en– cuentra mejor elogio para su centro que éste: "Como ven ustedes, aquí vienen las mejores fami– lias de la ciudad: los hijos de X y X y X ... " En su opinión, las mejores familias de la ciudad son las familias que tienen más dinerc o más títulos nobi– liarios. Y lo más triste del caso es que usan el mismo lenguaje directores de centros rel giosos que contabi– lizan su importancia por la suntuosidad de sus edifi– cios, por la nómina de profesores famosos y por la !ista de familias de la alta sociedad que frecuentan sus aulas. 89

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