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¿Felicidad en la limpieza? Pero si lo que quiere el hombre es gozar intensamente y hoy la vida presenta en bandeja de oro todos los placeres apetecibles. ¿Có– mo puede ser feliz quien renuncia a apetencias instin– tivas entrañables? Y se llega a decir que la castidad es cosa de niños y que los hombres hasta se avergüen– zan de parecer castos. Está tan desacreditada la cas– tidad, incluso en climas de solera religiosa, que a los que renuncian se les considera tontos o cobardes o poco hombres. Se presume de conquistas y, para no quedar mal, se llega incluso a "inventar aventuras" que jamás se dieron. No obstante estas opiniones deformadas, se impo– ne la felicidad de la limpieza. Son felices los que lu– chan a brazo partido contra sus instintos hasta llegar a la verdadera libertad, que es hombría y valor puesto que el hombre sabe controlar sus pasiones y ordenar– las. Son felices los castos porque superan la tribula– ción de la carne y someten sus instintos al domin,io del espíritu. Son felices los castos porque gozan de una intensa paz y alegría interiores. 7." PARADOJA: FELICIDAD EN PERSECUCION No hace falta excesiva imaginación para hacerse cargo de la zozobra, de las preocupaciones, de la ten– sión permanente en que se encuentra quien se sabe perseguido. Se puede alumbrar esta idea desde el án gulo opuesto, partiendo de la alegría y del bienestar que proporciona el saberse estimado,. protegido y ama– do. La persecución resulta siempre molesta y doloro– sa. Hasta los santos han pasado por momentos de cri– sis de miedo, de tristeza y de terror nervioso en la per- 87

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