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de las estructuras y de las normas establecidas, pro– moción de la mujer con varios siglos de anticipación, respeto a la libertad, vivencia de la fraternidad. Y todo esto con la sencillez, la humildad, la auten– ticidad por delante cuando estas virtudes ocupaban un plano sin relieve en la sociedad. El Pobrecillo Fran– cisco fue un ~enovador de temple. Para acertar con una justa valoración de los hom– bres de temple y de su obra hay que buscar los focos potentes de la filosofía, de la filosofía de la historia, de la historia y .de la teología y de la teología de la histo– ria. En realidad, ese fue el punto de mira de San Agus– tín en su escalofriante visión de la historia de Dios y del hombre en "La ciudad de Dios". Y cuando la re– flexión incide en las empresas de los santos, la teolo– gía es la única opción posible para comprenderlos por dentro y por fuera, en sus actitudes y en su comporta– miento. Con las ondas de corto alcance de la sociología, la sicología y la simple narración histórica de los hechos se mutila la figura de los hombres próceres. Con este sistema se ha convertido a Francisco en un precursor del liberalismo, en un pionero de la igualdad y de la fraternidad y en un co1testatario vulgar. Es que estas ciencias de tono menor no dan más de sí. Y, maneja– jadas por hombres de cortos alcances, desembocan en los re.sultados más imprevisibles por su falta de sereni– dad y por su comicidad. Con los reflectores de largo radio de acción se detecta un Francisco que recupera y purifica esas ideas fuerza del Evangelio que son la libertad, la igualdad, el "compromiso" . . . Y aquí surge otro problema delicado del que la so– ciología y la sicología quedan descartadas por su ba- 105
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