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184 P. PIO M.ª DE MONDREGANBS, O. F. M. CAP. invisible, primogénito de toda criatura ; porque en El fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, los tronos, las dominaciones. los principados, las potestades ; todo fue creado por El y para El. El es antes que todo, y todo subsiste en El. El es la Cabeza del cuerpo de la Iglesia; El es el prin– cipio, el primogénito de los muertos, para que tenga la primacía sobre todas las cosas. Y plugo al Padre que en El habitase toda la plenitud, y por El reconciliar consigo, pacificando por la sangre de su cruz todas las cosas, así las de la tierra como las del cielOJ> (73). 3. En Jesucristo habita toda la plenitud de la divi– nidad, lo mismo que en el Padre y en el Espíritu Santo. Tres personas igualmente perfectas y divinas en un solo Dios. De la plenitud de la divinidad por gracia y por parti– cipación recibimos los redimidos las gracias y los dones que Jesús mereció y que el Espíritu difunde en nues– tros corazones. Jesús, de la plenitud de su divinidad, comunica a los corazones humanos la sobreabundancia de la misericor– dia, de la bondad, de la santidad, según las disposicio– nes de los recipientes. Lo que se recibe al modo del recipiente se recibe. Preparémonos y acerquémonos a El para ser repletos de la divinidad en la medida que seamos capaces. Coloquios y súplicas. Adoremos al Corazón de Je– sús como a Dios verdadero. En El habita toda la pleni– tud de la divinidad, como en las otras personas divinas. Reparemos las injurias que se cometen contra esa divi- (73) Col., I, 18-20.
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