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HORNO ARDIENTE DE CARIDAD 181 cimiento sabroso y experimental que llena el alma de indecible suavidad y dulzura. Las almas experimentan deleites espirituales que las empujan a la santidad y al amor de Dios. ((Gustad y ved cuán suave es el Se– ñor» (70). 2. El don de ciencia es un hábito sobrenatural infun– dido por la gracia en la inteligencia del hombre para juz– gar rectamente de las cosas creadas en orden a los fines sobrenaturales. No se trata de la ciencia humana o filosófica que se adquiere por el estudio. Es un don o ilustración especial del Espíritu Santo, que hace apreciar rectamente la co– nexión de las cosas creadas con el último fin sobre– natural. La ciencia y la sabiduría tienen algo de común. Este recto juzgar de las criaturas es la ciencia de los santos; y se funda en aquel gusto espiritual y afecto de caridad que no descansan solamente en Dios, sino que pasan también a las criaturas por Dios, ordenándolas a El y formando un juicio de ellas según sus propiedades, esto es, por las causas inferiores y creadas, distinguiéndose en esto de la sabiduría, que arranca de la causa suprema, uniéndose a ella por caridad (71). 3. Es evidente que en el Corazón divino se encuen– tran todos los tesoros de la ciencia y de la sabiduría. Unidas las naturalezas divina y humana en la persona divina, todo en ;resús es divino. No sólo está en gracia, sino que es la causa meritoria de la gracia y de los (70) Ps., 33, 9. (71) JUAN DE SANTO TOMÁS, in HI, d. 18 a. 4 § 3, núm. 10. Cf. REIGADA, Los dones del Espíritu Santo y la perfección cris– tiana, pág. 505.
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