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·170 P. PIO M.ª DE MONDREGANES, O. F. M. CAP. desciende a la práctica, realizando el bien en favor del prójimo. En los Hechos de los Apóstoles, San Pablo, des– pués de narrar la conversión del centurión, añade: «Aho– ra reconozco que no hay en Dios aceptación de perso– nas, sino que en toda nación el que teme a Dios y prac– tica la justicia le es acepto. El ha enviado su palabra a los hijos de Israel, anunciándoles la paz por ,Jesucristo, que es el Señor de todos. Vosotros sabéis los aconteci– mientos en toda Judea, comenzando por la Galilea, des– pués del bautismo predicado por Juan; esto es, cómo a Jesús de Nazaret le ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder y cómo pasó haciendo bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con El» (54). Recuerda cómo multiplicó los panes para alimentar a la muchedumbre hambrienta y necesitada que le seguía. Llegando a las puertas de Naín y viendo el cortejo fú– nebre que lleva a la sepultura el hijo de una pobre viuda, se acerca y le resucita. Considera la resurrección de Lá– zaro, el perdón a la Magdalena y a San Pedro; las ben– diciones y caricias a los niños ; cómo durante toda su vida pasó haciendo bien a todos. Pertransiit benefaciendo. El Corazón divino está lleno de bondad y ésta se co– munica con amor a todos los necesitados. Amor prác– tico que comunica los bienes y los consuelos a todos con potencia soberana y con amabilidad exquisita. Jesús es bueno sin aceptación de personas y sin medidas limita– das. A todos quiere bien y a todos comunica sus bon– dades. 2. La plenitud de la bondad y del amor pertenecen ciertamente a Jesús. Dios solo es sumamente bueno. Los (54) Act., X, 34-38.
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