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· 164 P. PIO M.'" DB MONDRBGANBS, O. F. M, CAP. divinidad en la comunión. No podía darnos más, ni mejor. Nos demostró el amor en la Cruz y nos lo demuestra en el Sagrario. 2. Antes de despedirse de los discípulos, después dt;> la última cena, les dice: « Un precepto nuevo os doy; que os améis los unos a los otros como yo os he amado, así también amaos mutuamente. En eso conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis. caridad unos para con otros» (45). Nos manda amarnos con caridad mutua, y esta virtud pone como señal para que nos reconozcan ser sus dis– cípulos. Nos da este precepto nuevo de la caridad para con todos sin excepción, aun para con los enemigos: <tAmad a vuestros enemigos, haced bien y prestad sin esperanza de remuneración, y será grande vuestra re– compensa, y seréis hijos del Altísimo, porque es bonda– doso para con los ingratos y los malos. Sed misericor– diosos, como vuestro Padre es misericordioso» (46). 3. No amemos sólo con la lengua, sino con las obras. No basta una caridad afectiva; es necesario que sea efec– tiva y real. Amemos con el corazón, con las palabras, con las obras a todos, incluso a los que nos hacen mal. Roguemos y demos de lo nuestro y a nosotros mismos. «Como el Padre me amó, yo también os he amado; per– maneced en mi amor. Si guardareis mis preceptos, per– maneceréis en mi amor, como yo guardo los preceptos de mi Padre y permanezco en su amor. Esto os digo para que yo me goce en vosotros y vuestro gozo sea cum– plido. Este es mi precepto, que os améis unos a otros, (45) Jn., XIII, 34-35. (46) Luc., VI, 35-36.
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