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HORNO ARDIBNIE DE CARIDAD 161 amado, en Ti me complazco» (38). El Padre se goza en el Hijo, el Verbo Encarnado, igual al Padre y al Es– píritu Santo. El Corazón divino es el Tabernáculo y el Copón en que Dios se complece. Si el templo se llama casa, donde mora Dios, en el Corazón de Jesús mora la misma divinidad unida a la humanidad. Entremos por la puerta abierta del costado para ha– cer allí nuestra morada. 2. En segundo lugar, se dice en la inovcación que es puerta del cielo. Nosotros somos forasteros y peregri– nos en esta tierra. «No tenemos aquí ciudad permanente, antes buscamos la futura» (39). Navegamos por el mar proceloso de la vída presente y con ansia deseamos el puerto seguro. Somos los desterrados de este valle de lágrimas que buscando llegar a la meta anhelamos lle– gar a la patria lejana de nuestra casa. Cuando vislumbra– mos la puerta de acceso nos regocijamos, porque está cerca nuestro descanso y vemos cumplido nuestro pe– noso viajar. El divino Maestro nos propone la parábola del Buen Pastor y el rebaño. «En verdad, en verdad os digo : Yo soy la puerta de las ovejas ; el que por mí entrare se salvará y entrará y saldrá y hallará pasto» (40). El corazón de Jesús es la puerta del cielo. Ninguno pue– de ir al Padre sino por EL El que le sigue no anda en tinieblas, caminará en la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Ninguno puede ir al Padre sino por mí. «Yo soy la puerta» (41). 3. Para pertenecer al rebaño de Jesús son necesarias (38) Luc., III, 22. (39) Hebr., XIII, 14. (40) Jn., X, 7-8. (41) Jn., X, 9. 11

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