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HORNO ARDIENTE DE CARIDAD 159 son tus ministros, como los respetaba y estimaba San Francisco de Asís. Cuando entres en una iglesia di con el Seráfico Pa– dre: «Adorámoste, Señor Jesucristo, aquí y en todas las iglesias, que están en todo el mundo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Y después me dio el Señor y da tanta fe en los sacerdotes que vi– ven según la forma de la Santa Romana Iglesia, por causa de sus órdenes, que si me persiguieren, quiero re– currir a ellos ... Ninguna cosa veo corporalmente en este mundo de ese Altísimo Hijo de Dios sino su santísimo cuerpo y preciosa sangre, lo cual ellos consagran y reciben, y ellos solos administran a los otros. Y estos san– tísimos misterios sobre todas las cosas quiero honrar y reverenciar y en lugares preciosos colocar» (35). Jaculatorias. Corazón de mi Jesús, que sea yo sacer– dote ofreciendo contigo la Santa Misa en honor del Padre y en beneficio de las almas. De tal modo, que yo sea todo para todas, como tú lo eres en el Tabernáculo y en la Comunión. Maestro divino, enséñame a ~ír o a decir la Santa Misa, estimarla, saborearla y vivirla en mi vida cotidiana. (35) Testamento de San Francisco.

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