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HORNO ARDIENTE DE CARIDAD 155 2. Recordemos con frecuencia que somos templos de Dios y que no debemos jamás profanarlo con las culpas graves. Huir de los pecados graves que destruyen la gra– cia, por la cual somos templos de Dios. Esforzarnos en conservar siempre limpio este templo, donde el Corazón divino se complace en habitar con nosotros. 3. No todos los templos materiales son iguales. Unos tienen más belleza que otros, más riqueza y decoración que otros. Hay mucha diferencia entre una humilde ca– pilla y una suntuosa y artística catedral. Análogamente, en el sentido espiritual, hay mucha di– ferencia entre almas y almas. Procuremos que nuestras almas estén bien adornadas de las virtudes, que sean ver– daderamente ricas de perfección y santidad, a fin de que el divino Esposo tenga sus complacencias en habitar en tan hermosas moradas. Que el alma esté adornada moni– libus suis... con la gracia y todos sus atavíos. Coloquios y súplicas. Corazón de Jesús, Huésped di– vino de mi alma, yo deseo ser un hermoso templo, don– de te adore, te alabe, te ame, te sirva. Quiero que en él tengas todas tus complacencias, todas las comodida– des que un corazón generosa te puede ofrecer. Que esté perfumado con los aromas del incienso, de la oración y de los sacrificios. Ruego también para que se llenen los templos mate– riales de fieles devotos que te den culto y cumplan con los deberes religiosos que a todos los fieles incumben. En muchos templos y altares se veneran las imáge– nes del Sagrado Corazón, que está con el pecho abierto como diciendo: « Venid a mí todos los afligidos y carga-
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