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HORNO ARDIENTE DE CARIDAD 153 la majestad de los reyes y pontífices las personas que están presentes procuran no distraerse ; estar atentas para no faltar a la reverencia que se les debe. Con mayor mo– tivo debemos estar atentos cuanto podamos para no fal– tar a la reverencia delante de Dios, que es nuestro Rey Soberano y nuestro Pontífice Supremo. Considera la majestad del Corazón divino mezclada con la benignidad, la dulzura y la misericordia, y esto te ayudará para orar con mayor recogimiento y devoción. Adora, teme y ama ... El Corazón de Jesús es el Rey Soberano que debe dominar en todos los pueblos del universo. Su poder se extiende a todos sin excepción. El santo temor de la Divina Majestad debe ser un freno para no ofenderla y respetar todos los derechos que tiene sobre los hombres por Ella conquistados. ((Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra)) (28). Dios, según la fuerza de su poderosa virtud, que El ejerció en Cristo, resucitándole de entre los muertos y sentándole a su diestra, y de todo cuanto tiene nombre, no sólo en este siglo, sino tam– bién en el venidero)) (29). Jaculatoria. Corazón divino, concédeme profundo res– peto y humilde reverencia ante tu amabilísima Majes– tad en la Santa Misa, en los oficios divinos, en las ora– ciones privadas y públicas, en todas las manifestaciones del culto católico. (28) Mat., XXVIII, 18. (29) EJ., I, 19-21.
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