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gas, le dirán: "¿Se ha hecho mal? ¿Se ha heri– do? Venga usted y descanse", y le procuran los alivios de urgencia. Pero si hay presentes hombres malvados y enemigos, se ríen, se bur– lan y dicen o piensan: "¡Bien le está! ¡Que se fastidie!" Huyen y le dejan. En el caso de Jesús hubo dos especies de su– frimientos: sufrimiento físico, porque maltrata– do durante la noche, desgarrado con la flagela– .ción y la coronación de espinas, va perdiendo las fuerzas y se abate cada vez más bajo el pe– sado instrumento, y se ríen. Se ha querido ma– nifestar como Dios, ¿dónde está su omnipoten– cia? ¡Que obre como Dios y no como un hom– bre débil! ¿Por qué no envía un ejército de ángeles que le ayuden y socorran? Consideraciones. l. Paciencia de Jesús.-El divino Maestro se muestra tranquilo, sereno y conforme a la voluntad del Padre. Su ardiente caridad le lleva al sacrificio con la mansedumbre y paciencia de un corderillo sin lamentarse. Bajo el peso de la cruz siente la caridad ardiente de inmolar– se por todos. Quiere reparar completamente nuestras recaídas en el pecado. No se impacien– ta con los dolores, con las burlas que le hacen, con las palabras y desprecios que le dirigen. 2. Impaciencia de los judíos.-Están ya in– quietos y turbados porque se retarda la ejecu- - 228 -

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