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Conside1·aciones. Aunque esta delicada escena no sea de fe, :sin embargo, es una piadosa tradición que se presta para algunas reflexiones espirituales. l. Rostro desfigurado.-La Verónica miró .al rostro desfigurado de Jesús. Todo estaba cu– bierto de sangre y de sudor; sucio por el polvo, pálido por la sangre perdida, coronado de es– pinas, maltratado por la soldadesca y los eje– cutores de la sentencia. Así el adorable rostro .de Jesús estaba totalmente desfigurado. Alma mía, ¿quién ha puesto así a Jesús? ,¿Quién ha deturpado su hermosura? ¿Quién .ha manchado su rostro purísimo lleno de resplan– dores? Considera, pecador, que tú mismo has des– figurado voluntariamente el divino rostro; has ,quitado su belleza encantadora y le has redu– ddo a tal estado. Tus numerosas y graves cul– pas han sido la causa de tantos dolores, de tantas ignominias, de tantas humillaciones. El amor a la humanidad es la última razón de esa escena compasiva. Ahora, a imitación de la piadosa Verónica, limpia el rostro de Jesús y la imagen de tu .alma con las aguas de los sacramentos; con la Zacarías. Por el hecho del encuentro con Jesús en el cami– no doloroso, se la llamó después Verómca, palabra latina ·v griega compuesta ele vera y eicon, vera imagen. - 219 -
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