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les desean convertir las almas, si anhelamos que el .apostolado sea fecundo, es necesario el sacrificio. Sin dolor no hay redención. Si no se lleva sobre la frente la aureola de la inmolación, tampoco se ob– Jendrá la palma de la victoria. Si somos operarios impotentes para llevar una pequeí'ia piedra para ,edificar la ciudad eterna, seremos siervos inútiles. Van los misioneros adquiriendo para Cristo las tierras de los infieles y herejes. ¿Cuál es la recom– pensa? Sudores, fatigas, enfermedades, lágrimas, do– lores y no pocas veces la muerte. Gracias a sus pe– nalidades y a la predicación gratuita, los Apóstoles del Evangelio anexionan tierras y más tierras al ce– tro del Rey de Reyes y Señor de los que dominan. "'Los que en llanto siembran, en júbilo cosechan. Van y andan tristes, llorando, los que llevan la se– milla para arrojarla. Vendrán, vendrán alegres, ju– bilosos, trayendo sus haces" (12). EJEMPLO: Un día pasó Jesús por las orillas del Jordán y vió .a los dos hermanos Pedro y Andrés pescando. Les llamó y les dijo: "Venid en pos de mí, yo os haré pescadores de hombres." Entonces dejaron las redes y las barcas y siguieron al Nazareno. Los dos pri– meros Apóstoles llamados por Jesús enamorados de la cruz. El Cireneo fué obligado por los judíos. Es– tos dos hermanos siguen sin vacilar y con entusias– mo. Cada uno recorrió su vía dolorosa. Pedro en- .(12) Ps., CXXVI, 5-6. 214 -
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