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no he usado de los medios de perfección que me has dado, no he empleado el tiempo y las faculta– des que me diste en tu servicio... ¡Cuántos pecados! ¡Cuántas ingratitudes! Justo es; Jesús mío, que yo lleve también mi cruz, que haga penitencia, que satisfaga por mis muchas. y graves culpas; que repare, por lo menos en parte, los males cometidos. Ingemisco tamquam reus ... No obstante reconocer que merezco castigos eter– nos, no me resigno a los temporales. No acepto co– mo se debe las ligeras cruces que el Señor me ofre– ce. ¡Oh Dios mío, con humildad confieso que huyo de la cruz! Cuando he tenido que soportar forzosa– mente las humillaciones, los desprecios, las repren– siones, las enfermedades, los trabajos penosos, la obediencia difícil, la pobreza austera; en una pala– bra, las adversidades de la vida, ¡cuán mal me he conducido delante de Dios y de los hombres! De aquí en adelante no quiero que suceda lo mismo; quiero resignarme, humillarme, llevar la cruz con el Cireneo, en cualquier manera que se presente. Confío en Jesús y María que cambien mi dura cerviz, mi obstinada voluntad, mi excesiva sen– hibilidad. Miraré a f esús y con amor y generosi– dad me ofreceré a llevar con El la cruz. ¡Señor, ayúdame! Deus adjuva me! PENSAMIENTOS MISIONEROS Si los cristianos queremos establecer el reino de Dios en el mundo, si los misioneros trabajan por predicar el Evangelio a toda criatura, si los apósto- - 213 -

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