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por parte de Simón, que regresaba del campo a su casa. Dios había escondido al Cireneo lo que le esperaba, pero movió su voluntad y sus pasos de tal modo que llegó en el momento en el cual Jesús parecía que sucumbía y no podía continuar con la cruz. ¡Ignoramos tantos designios providenciales! ¡Tantos casos del todo imprevistos! Ninguna prudencia humana puede prevenirlos ni huirlos. Una mano omnipotente e invisible dispone todo. :Sucede a veces lo que menos se esperaba. La mano de la Providencia conduce, paso a paso, nuestra vida. Sin saberlo ni preverlo, nos ,encontramos de frente a la tribulación, al des– engaño, a la traición, al abandono, sumidos en un mar de amargura, sin saber cómo salir. So– mos náufragos del dolor. Cuando se trata de conformarse a la divina voluntad, debemos aceptar de buen grado los planes sapientísimos de la Providencia, planes que como condujeron al Cireneo y a su familia a la salvación, conducirán también a nosotros a la felicidad eterna. El Calvario se ofrece a todos. No contentar– se con mirarlo de lejos. Sigamos adelante con Jesús y María hasta llegar a la cima y ofrecer con ellos nuestro sacrificio. ·CoLOQUIOS Sefíor, yo soy un gran pecador; he abusado de tus beneficios, no he correspondido a tus gracias, - 212-
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