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sos y recibisteis con alegría el despojo de vues– tros bienes, conociendo que tenían una hacien– da mejor y perdurable" (8). Los miembros participan de los gozos y su– frimientos de la Cabeza. Todos los miembros se preocupan por igual unos de otros. De esta suerte, si padece un miembro, todos los miem– bros padecen con él, y si un miembro es hon– rado, todos los otros a una se gozan (9). Todos padecemos con Cristo para ser con El glorifi– cados (10). Todos los que somos miembros efectivos de este Cuerpo Místico de Cristo, que es la Igle– sia, por voluntad o por fuerza, tenemos que ayudar a llevar la Cruz de la Cabeza, es decir, a Cristo Redentor. Tenemos que ser como los Cireneos, representantes de la humanidad. Siguiendo las huellas de Jesús tenemos que recorrer nuestro camino doloroso, llevando nuestras cruces. Contemplemos millones y mi– llones de hombres en el mundo y veremos que todos, en un día o en otro, con frecuencia o de continuo, voluntariamente o por fuerza, cantan– do o desesperando, con pena o alegría, con pa– ciencia o murmurando, tenemos que llevar nuestras cruces o adversidades. La iniquidad del pecado causa un diluvio de males. El que conozca la malicia del pecado /8) Hebr., X, 32-34. (9) I Cor., XII, 25-26. (10) Rom., VIII. 17. 210 -

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