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zas. Todas las cosas podremos en Dios, que no nos deja solos. Que Jesús, con sus gracias, nos ayude a lle– var nuestras cruces; que nosotros, por nuestra parte, estemos dispuestos a llevar con resigna– ción las que El permite o nos envía para nues– tra santificación; que cambie la repugnancia de la naturaleza en dulzura del espíritu. 2. Cuerpo Místico.-J es ú s, Cabeza del Cuerpo Místico, juntamente con su Madre, han querido tomar sobre sí mismos el peso princi– pal de la cruz. Pero sería un cuerpo monstruo– so, un cuerpo inorgánico en el cual sufriera so– lamente la Cabeza y en que los miembros no participasen de alguna manera del dolor. Fal– taría la unidad y la dependencia. En el Cuerpo vivo y orgánico de Cristo, los miembros deben también tomar su parte en la redención y en la expiación. Dice San Pablo: "Me alegro de mis padecimientos por vosotros, y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia" (7). El mismo Apóstol exhorta a los hebreos: "Recordad los días pasados, en los cuales, después de ilumina– dos, soportasteis una grave lucha de padecimien– tos; de una parte, fuisteis dados en espectácu– lo a las públicas afrentas y persecuciones; de otra, os habéis hecho partícipes de los que así están. Pues habéis tenido compasión de los pre- (7) Col., I, 24. - 209 - 14

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