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,que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (5). Las cruces en sí mismas no son amables, las rehuye la na– .turaleza del hombre. Son contrarias a los sen– tidos y a las comodidades. ¡Cuánta intoleran– ,cia en las tribulaciones, aun entre los cristia– nos! Sin embargo, las tribulaciones recibidas y .soportadas por motivos de fe sobrenatural pue– .den rendir grandes servicios al hombre y pue– ,den ser instrumentos de santificación. Las cru– ces, ligeras o pesadas, materiales o espirituales, ,exteriores o interiores, llevadas con conformi– ,dad a la voluntad de Dios, son medios de sa– tisfacción de nuestras culpas, purifican el alma de las manchas contraídas y desprenden de las .cosas miserables de la vida. Con las cruces se .dominan los sentidos, las pasiones y las con– cupiscencias. Las cruces nos hacen semejantes .a Jesús. La Vía Dolorosa es la vía regia que ,conduce al cielo. Per crucem ad lucem! Pensemos que dice el Señor: "Venid a mí to– dos los que estáis fatigados y cargados, que yo ,os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de ,corazón y hallaréis descanso para vuestras al– mas, pues mi yugo es suave, y mi carga, lige– ra" (6). Si permite las cruces, dará también las fuer- (5) Matt., XVI, 24. (6) Matt., XI, 28-30. - 208 -

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