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QUINTA ESTACION JESÚS AYUDADO POR EL CIRENEO Adorámoste, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa Cruz redimiste al mundo. Narración. El Centurión, viendo la debilidad de Jesús, temió que no pudiera continuar con la cruz o· que llegase tarde al lugar de la ejecución. En– tonces requisó un ayudante. Dice San Marcos: "Le sacaron para crucificarle, y requisaron a un transeúnte, un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, el padre de Alejandro y Rufo, vara que llevase la cruz" (1). No consta que este hombre conociese a Je– sús o que fuese su discípulo; por tanto, la orden recibida es de suponer que no le fuera agrada– ble. Su hijo Rufo, más tarde, se hizo una per– sona insigne en la comunidad cristiana de Ro– ma. San Pablo dice: "Saludad a Rufo, el elegi– do del Seiior, y a su madre, que es también la mía" (2). Parece que San Pablo se refiere aquí a los hijos de Simón de Cirene. Era ésta una ciudad' de Africa, donde existía una floreciente comu- (l) Marc., XV, 20-2 l. (2) Rom., XVI, 13. 204 -

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