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quizá en la puerta donde debía pasar para ir al Calvario. Y se encontró de hecho con El; pero, a causa de los esbirros y de la plebe ,no fué ni podía ser entre ellos más que un rápido cam– bio de miradas y de afectos, sintetizados en pa– labras pronunciadas más con el corazón que con la boca: "¡Madre mía!" "¡Hijo mío!" ¡Cuánto sentimiento y cuánta compasión ma– nifestaban! ¡Cuántas cosas no se dijeron con estas palabras!" Un plano de Jerusalén de 1308 indica la iglesia de San Juan Bautista con el título: Pas– mo de la Virgen. En aquel lugar, según la tra– dición, aconteció el terrible y doloroso encuen– tro (1). Consideraciones. 1. Doloroso encuentro.-Considera, alma mía, los profundos sentimientos de dolor de Je– sús al penetrar las angustias de su Madre, y re– flexiona en los tiempos afectos de María, al (1) Fray Bonifacio Esteban Ragusino, O. F. M., que fué Custodio de Tierra Santa por primera vez los años 1551- 1560, y por segunda vez en 1564-1565, escribiendo de los peregrinos indica la dirección de algunas estaciones y les su– giere, visitándolas, muchas oraciones y consideraciones. Así, por ejemplo, al Espasmo de la Vir1<en María, o sea a la cuarta estación, escribe: HAauí la mente pura y el ánimo contrito dirige las preces a la Virgen, para que te conceda una fuente de lágrimas para llorar la pasión del Señor y rus pecados, por los cuales mereciste la ira de Dios." (Cfr. Li– bri de Perenni cultu Terrae Sanctae et de fructuosa ejus pe– reR.rinatione, pág. 222-230. Venetiis, 1573, 1875.) Cfr. L@ Vida de María, pág. 312. Roma, 1945. - 197 -
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