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embargo, en aquellos momentos deja a la po– bre Humanidad que sienta la debilidad. El hombre solo, sin Dios, no puede nada. Si ]a gracia de Dios no nos ayuda continuamente, caemos en los más enormes pecados. Sin Dios nada meritorio para la vida eterna podemos. hacer. Es necesario que rt:conozcamos nuestra im– potencia en orden a la perfección. Somos co– mo cañas débiles, que fácilmente se quiebran bajo el peso de la humillación o tribulación. 3. La vigilancia.-No confiar en nuestras fuerzas. Persuadirnos de que somos débiles y mudables. Huyamos de las ocasiones peligrosas. El que ama el peligro, perecerá en él (2). "El que está en pie, vea de no caer" (3). Jesús dijo a los Apóstoles: "Vigilad y orad para que no, entréis en tentación" (4). Los Apóstoles, en el momento de la prisión de Jesús, huyeron y le abandonaron. San Pedro dijo que no le dejaría jamás, y estaba dispuesto a ir con El hasta la muerte. Cuando llegó la hora de la prueba, le negó hasta tres veces. Es necesario reconocer que nuestra natura-· leza es débil y que delante del peligro fácilmen– te resbala. El hombre es muy mudable, y nun– ca permanece en el mismo estado; la voluntad: (2) Eccli., III, 27. (3) I Cor., X, 12. (4) Matt., XXVIII, 41. 191 -

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