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más insipiente de todos los hombres, o es la sabiduría encarnada de un Dios. La cruz de Cristo es necesidad para los que se pierden; pero es poder de Dios para los que se salvan. Según está escrito: "Perderé la sabiduría de los sabios y reprobaré la prudencia de los pru– dentes" (4). Nosotros predicamos a Cristo crucificado, es– cándalo para los judíos, locura para los genti– les, mas poder y sabiduría de Dios para los lla– mados, ya judíos, ya griegos. Porque la locura de Dios es más sabia que los hombres, y la fla– queza de Dios, más poderosa que los mis– mos" (5). A todos los que imitaren a Cristo crucificado y llevaren su cruz en pos de él se les dará la vida eterna como recompensa. La cruz material está formada de dos palos que se sobreponen. La cruz moral son las voluntades divina y hu– mana que se encuentran. La divina se manifies– ta en el precepto; la humana, en la obediencia. Si sometemos la humana a la divina, triunfa– mos y seguimos a Cristo. Aceptemos con confianza las cruces que el Señor permite o envía, y entonces seremos se– mejantes a Cristo en la vida y en la eternidad. Por amor de Jesús, que nos ha precedido, ame– mos la cruz, abracemos la cruz, que es nuestra salvación. In cruce salus. No hui: de ella cuan- (4) l Cor., I, 18-19. (5) l Cor., I, 23-25. 181 -

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